
Sara Santander, ignorada por tres años, vendió su casa a un capo tras ser humillada por su padre Sergio. Éste, junto a su hijastro, fingió riqueza en la cena de compromiso, pero el nuevo dueño irrumpió y expuso su bancarrota. La novia anuló la boda, los echaron de la mansión y terminaron en un sótano. Sara demandó a su padre por herencia y le congelaron el sueldo.