
La antigua matriarca de la familia López en la capital, Laura, quedó devastada por la muerte prematura de su hijo menor y, sumida en la tristeza, abandonó el hogar para trabajar como barrendera. Durante ese tiempo, adoptó a dos niños pobres, Marcos y Manolo, a quienes sostuvo con mucho esfuerzo para que pudieran estudiar. Quince años después, cuando Marcos y Manolo están a punto de graduarse de la Universidad de Loyola, Laura es hallada y reinstalada como presidenta del Grupo López. Ella planeaba darles una sorpresa a sus hijos adoptivos en la ceremonia de graduación, pero Marcos, con el fin de agradar a los socios del grupo, se avergüenza de la condición de barrendera de su madre adoptiva, llegando incluso a maltratarla y querer romper toda relación con ella.