
La única heredera de los Calderón, Serena, fingió su muerte para no perjudicar a Sebastián. Tres años después, él volvió como campeón imperial. En la ceremonia de lanzar el tocado, Sebastián lo atrapó. Se instaló en la mansión, la protegió, tragó el gusano de amor y pidió matrimonio de residencia familiar. Juntos derrotaron la traición y reavivaron su amor.