
Sofía, dueña de una posada, recibió a dos huéspedes. La IA Mandril alertó: uno era fugitivo y la otra, manipulada. Sofía notó sus tatuajes de espinas. La mujer, Camila, era la verdadera líder. Con un cómplice y la luz por acabarse, Sofía pasó a cazar, pero cayó en una trampa.