
Darío Rodríguez y su esposa Lucía murieron abandonados tras entregar su vida a su familia ingrata. Al reencarnar juntos, decidieron ignorar a sus parientes y vivir para ellos mismos. Con el apoyo del Sr. Martín, pasaron de la pobreza en la Quebrada del Alba a la riqueza, cumpliendo su sueño de tener un hijo y darle estudios a Clara.