
Mateo solía ser un “perro faldero”, al punto de desviar fondos de la empresa para beneficiar a la familia de su novia. Esto llevó a la compañía al borde de la quiebra: de treinta millones en liquidez, solo quedó uno. La novia, que además era gerente, lo engañó con su “amor platónico” y trató de robarle un proyecto clave, lo que dejó a Mateo frente a una demanda de cincuenta millones.