
En el barrio Residencial Agradable, un pequeño supermercado se convirtió en el corazón de la comunidad. Héctor, Lilia y sus compañeros atendían a todo tipo de clientes: desde parejas enojadas hasta emprendedores desanimados. No solo vendían productos, también ayudaban a los demás a recuperar la confianza y sentirse acompañados. En ese supermercado de barrio sucedían cosas cotidianas e inesperadas.