
Fausto, el Rey del Juego de Alta Mar, aceptó el encargo de su mentor Eduardo en su lecho de muerte: proteger a la familia Duan durante tres años y casarse con Dayana, la única hija de Eduardo. Fausto cumplió su promesa, ocultó su identidad y cuidó de la familia y de Dayana durante todo ese tiempo. Sin embargo, su dedicación y protección silenciosa solo le valieron el desprecio y las burlas de los Duan. Fausto soportó todo esto en silencio, hasta que solo quedaron tres días para cumplir el compromiso de tres años. Justo cuando el pacto estaba a punto de expirar, Dayana cayó en una trampa tendida por sus amigos. La familia Duan estaba a punto de sufrir una gran pérdida. Fue entonces cuando Fausto intervino, desplegó sus habilidades en el Gremio de los Tahúres y derrotó a los rivales. Tras aquello, Fausto abandonó la familia Duan. Dayana, al enterarse de su partida, entró en pánico y comenzó a buscarlo desesperadamente por todas partes.