
"En su vida pasada, Melisa entregó su corazón y alma a toda la secta, dándolo todo. Amaba y respetaba a su maestro de secta como a un padre, y cuidaba a sus compañeros como a sus propios hermanos. Sin embargo, lo único que recibió a cambio fue la espada fatal de su maestro, asestada sin distinción de lo correcto o incorrecto. Justo antes de exhalar su último aliento, finalmente comprendió la amarga verdad: sin importar cuánto se sacrificara, nunca sería más valiosa para su maestro que una simple sonrisa o un ceño fruncido de su hermana menor, Rubí. Al renacer a la edad de seis años, justo cuando se unía a la secta, Melisa enfrentó la mano extendida de su maestro una vez más. Sin dudarlo, se dio la vuelta y echó a correr. En esta vida, ya no necesita ni quiere esta 'familia' que solo busca consumir su calidez y su vida."