
Carlota libera a Daniel, el Dios de la Lámpara, y recibe un incienso mágico que sella un pacto de hermandad jurada. Sin dudarlo, lo enciende… y reclama al Cielo como su hermano. Ahora, respaldada por una fuerza más allá del alcance mortal, cualquiera que le haga daño recibe un contraataque triple. Reunida con su familia biológica, descubre solo a una hermana oprimida y rota, y a una madre silenciada. Regresa con una sola advertencia: nadie volverá a tocarlas. Se ríen. La empujan. Hasta que deja de contenerse. ¿Tocan a su hermana? Ella golpea. ¿La obligan a arrodillarse? La Sala de los Ancestros explota. ¿Le roban su herencia? Que disfruten una vida en el hospital. Después de eso, nadie se atreve a enfrentarse a ella.