
Leonardo, un trabajador de oficina común, salva a la CEO Liliana de un peligro, solo para que sus sentidos se intercambien. Ahora, Liliana percibe un olor fétido en su gachas de mariscos, mientras que Leonardo solo huele mariscos incluso en el baño. En los días fríos, Leonardo monta su motocicleta sin sentir el frío, mientras Liliana tiembla dentro de su coche de lujo con la calefacción al máximo. Todo parece perfecto… hasta que Liliana acorrala a Leonardo en su oficina, le agarra la corbata y lo obliga a mirarla a los ojos. “Sé honesto” —exige—. “¿Has notado algo… diferente en tu cuerpo últimamente?”