
Clara huyó de su boda y besó a un chatarrero que resultó ser su prometido, Tomás Río. Sin poder pagarle, aceptó fingir ser su esposa. Descubrió que los abuelos usaban reliquias millonarias para encurtir y quemar. Cuando la hermanastra vino a humillarla, Tomás cerró la puerta: "Esta es la mansión de los Río, valorada en treinta mil millones."