
Los dragones no se inclinan ante nadie. Hasta que uno agacha la cabeza ante una sirvienta. Cuando el antiguo dragón negro cruza la sala del trono e ignora a la princesa coronada, se detiene ante la innombrada Elara. En un instante, pasa de doncella invisible a la equivocación más peligrosa que la Corona haya cometido jamás. Marcada como bruja, perseguida por la familia real y unida al general más letal del reino —quien vio arder a su madre—, Elara es arrastrada a una guerra de nombres robados y herederos cambiados, escrita sobre su vida antes de nacer. El dragón no debería recordarla. Y, sin embargo, cada vez que su sombra cae sobre ella, la mira como si llevara veinte años buscando en el cielo a una sola chica… y por fin la hubiera encontrado.