
La rellenita Paola Deza salvó inesperadamente al emperador reinante, quien quiso recompensar su bondad tomándola como su consorte. Su prometido, el heredero de la mansión del Marqués, la rechazó por su peso y se casó con su intrigante prima. Cuando el heredero y su prima asistieron al banquete imperial, se quedaron atónitos al descubrir que la nueva consorte del emperador no era otra que Paola, que lucía sus generosos brazos.