
La presidenta del Grupo F, Isabel, y su esposo Ferrán perdieron a su hija biológica Melina cuando era pequeña. Desde entonces, volcaron todo su amor en su hija adoptiva, Nieves. Isabel cuidó a Nieves con esmero hasta que cumplió los 18 años, e incluso cuando Melina fue encontrada, continuó mostrando una clara preferencia por Nieves, al punto de nombrarla heredera del Grupo L. Sin embargo, Isabel jamás imaginó que Nieves, temiendo perder su posición en el futuro, llegaría a tramar un plan para asesinarla. Al borde de la muerte, Isabel finalmente abrió los ojos ante la maldad de Nieves y juró que, si tuviera otra oportunidad, compensaría a Melina por todo lo que le había negado y revelaría la verdadera naturaleza de Nieves ante todos. Su deseo se hizo realidad: al volver a abrir los ojos, regresó tres años en el tiempo. Esta vez, Isabel cumplió su promesa. Lo primero que hizo fue decidir que Melina sería la heredera del Grupo L. Durante la fiesta de cumpleaños de Melina, Isabel la nombró públicamente como sucesora y expuso los terribles actos de Nieves, incluyendo acoso y engaños. Sin embargo, para su sorpresa, su esposo Ferrán y su suegra Vicenta siguieron apoyando a Nieves. Fue entonces cuando Isabel descubrió la verdad: Nieves no era una hija adoptiva, sino la hija biológica de Ferrán con otra mujer. Devastada, Isabel decidió divorciarse de Ferrán y cortar lazos con la familia L. Les advirtió que si seguían confiando en Nieves, repetirían la historia del campesino y la serpiente. No la escucharon. Finalmente, por haber creído en Nieves, toda la familia L terminó en ruinas: quebraron, se dispersaron, y Nieves derrochó toda su fortuna. Por su parte, Isabel volvió a casarse con su pretendiente Joaquín y, junto a Melina, inició una nueva y feliz etapa de su vida.