
Luis Ruiz aseguraba que su esposa era una campesina ignorante y que no la molestaran, mientras las damas de la alta sociedad se quejaban de ser eclipsadas por ella. Decía que era dulce e inexperta en medicina y armas, para incredulidad de sus pacientes y enemigos. Cuando afirmó que nunca le llevaba la contraria, lo hizo arrodillado sobre una tabla de lavar. Sus oficiales le pidieron dignidad.