
Para controlar su trastorno bipolar, Juana Fernández pagaba al galán del campus Samuel Linares, que estaba endeudado, por mantener relaciones íntimas. Años más tarde, tras la caída en desgracia de la familia Fernández, Juana se encontró en un burdel, donde Samuel la compró. A pesar de los intentos de Juana por poner fin a la relación tras renacer, Samuel estaba contento con ella.