
Después de darlo todo por la familia en los treinta años de matrimonio, Isabel Jara se vio obligada a celebrar su cincuenta cumpleaños junto al perro de la amante de su marido. Es más, le pidieron que se arrodillara ante el perro. Harta de la insoportable situación, pidió el divorcio. Al marcharse, recibió una asombrosa herencia de miles de millones dejada por su tío.