
Matías Soto, de 85 años, fue encerrado y muerto de hambre por sus hijos. Renació a los 65, justo cuando podía casarse con su amada María Campos. Esta vez no cedió: se casó con ella, compró una valiosa antigüedad por adelantado, se hizo millonario y, con la policía, atrapó a sus hijos malvados.