
Jorge Díaz regresó al pueblo y honró su contrato comprando ajos al precio mínimo para salvar a los campesinos. Héctor Ruiz trajo a un falso jefe para incitarlos a romper el acuerdo. Los aldeanos, codiciosos, almacenaron mal los ajos y todo se pudrió. Jorge, en cambio, cumplió y ganó un contrato permanente. Al final, les ofreció trabajo a los arruinados.